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El Aprendiz de Brujo y la Ranita Parlanchina (pequeña fábula batracia)

principe_ranaLo que narraré a continuación, si bien es de dominio público y conocido por muchos de nosotros, la maldad y falta de escrúpulos de las personas lo ha convertido en nada menos que un vulgar chiste que se cuenta de boca en boca, faltando a la verdad y al honor de nuestra noble profesión. Decidido a mantener en alto el estandarte de los aprendices de brujo, he rescatado la siguiente fábula del saber popular, para contarla aquí tal como me fue narrada de primera mano por su protagonista, con quien no puedo menos que estar de acuerdo, y aprobar públicamente su buen hacer, su fortaleza de carácter y su excelente manera de razonar y elegir ante las disyuntivas de la vida.

El Aprendiz de Brujo paseaba por la orilla de un estanque. Llevaba sus gafas de cuatro dioptrías, con lo que se aseguraba que el paisaje era lo suficientemente claro, que sus ojos no lo engañaban, y que no caería al agua. El estanque estaba precioso, con la tensión superficial del agua lisa reflejando un cielo azul sin nubes, y solamente rota por esporádicos nenúfares que flotaban aquí y allá. Nuestro héroe regresaba a su casa, después de una agotadora partida de rol, de la que había sido desterrado por un hechicero malvado con poderes robados a siete variados y pintorescos habitantes de la tierra media, mediante artificios de magia oscura, claramente reprobables, y cavilando sobre la posibilidad de desarrollar un algoritmo infalible para calcular el intervalo óptimo de tiempo entre masturbación y masturbación, ya que le preocupaba tanto no ceder al vicio como la necesidad de tener la mente libre de pensamientos impuros, para concentrarse así en lo verdaderamente importante. En ésas estaba cuando una vocecita aguda llamó su atención.

–          ¡Hola! ¡Hola!

Miró hacia el suelo, tardando varios segundos en identificar positivamente el origen de la llamada. Era una pequeña rana verde, común, con sus ojitos amarillos y saltones y una papada que se movía rítmicamente, de lo más graciosa. Quizás el único elemento destacable en el espécimen era su habilidad para el habla. Nuestro Aprendiz de Brujo, habituado a realizar operaciones matemáticas de ocho dígitos mentalmente, y al ejercicio mental de imaginarse a sí mismo blandiendo un sable láser en plena clase de química, no se alteró ni sorprendió en lo más mínimo. Se arrodilló frente al animal, respondiendo cortésmente a sus requerimientos.

–          ¿Qué pasa? – le dijo.

–          ¡Al fin un hombre! – dijo la rana – Pensé que nunca más iba a pasar ninguno.

El Aprendiz de Brujo, cauto como siempre ante las manifestaciones del medio, sean reales o virtuales, esperó unos segundos antes de alzarla en sus manos y ponerla frente a sus ojos amplificados por los dos gruesos cristales de 4,0 y 3,75.

–          Pues ya has encontrado a un hombre – le dijo.

–          Mira, sé que te sonará raro esto. Soy una princesa extremadamente bella y no menos rica. Hace ya dos años una bruja envidiosa me hizo un maleficio, que solamente se romperá con un beso de tornillo. Si me besas, te prometo que te recompensaré.

–          No creo que sea tan terrible. El genoma humano y el de Rana coinciden en más de un 80% de sus bases piramídicas. ¿Qué clase de recompensa?

–          No lo sé… Te daré dinero. Mucho dinero.

–          Mmmmm. No.

Dicho esto, nuestro héroe procedió a introducir el pequeño batracio parlante en el bolsillo derecho de su pantalón, mientras proseguía su marcha, bordeando el estanque. La Rana, desesperada, comenzó a tirar de la tela interna de los bolsillos, provocando un movimiento que llamó la atención del joven. Volviendo a ponerla frente a su vista, le preguntó:

–          ¿Y ahora qué pasa?

–          Mira, soy una mujer hermosa. Me parezco mucho a Elsa Pataky. Antes de transformarme todos los hombres se morían por acostarse conmigo. Si me besas y rompes el hechizo seré tu esclava sexual para siempre. Y cuando digo esclava quiero decir esclava. No te diré que no a nada.

–          Es que a mí me va más el tipo Lara Croft. Esa sí que es una mujer. Elsa Pataky la verdad es que no me motiva demasiado.

–          Escucha, tengo un palacio a las afueras de Madrid. Viviremos juntos. Seré tu esclava sexual y serás rico. ¿Qué más puedes pedir?

–          Gracias, pero no.

Volviendo a meter a la Rana en el bolsillo, nuestro Aprendiz de Brujo se dispuso a reanudar la marcha, intentando recuperar de recónditos rincones de su memoria las variables correspondientes al estado de ánimo, la tensión sexual y el consumo de pornografía por internet para culminar su algoritmo sobre masturbación, cuando el batracio, enfadado ya por la falta de receptividad, comenzó un ataque con sus patas delanteras sobre la zona noble del muchacho, produciendo dolor testicular agudo y pérdida parcial de visión, y obligándolo a una nueva extracción del bolsillo.

–          ¡Ay! ¡Me has hecho daño!

–          Estoy dispuesta a la sodomía, a escribir en todos los foros de internet que encuentre que eres el mejor amante del mundo, y a jugar rol contigo si hace falta, pero por favor bésame ya, o déjame libre para esperar otro hombre.

–          Te lo voy a explicar, a ver si te callas ya. Lo de las riquezas está muy bien, pero pienso hacerme mucho más rico desarrollando software de bajo nivel, – no te lo explico porque no lo entenderías – así que por ese lado no me convences. Lo del sexo también está bien, pero cuando sea rico voy a poder conseguir finalmente a Julia, una compañera de secundaria que… bueno, no viene al caso. Si de verdad quiero impresionar a mis amigos y hacerlos morir de envidia, en vez de todo eso tengo algo mucho mejor: ¡Una ranita que habla!

Moraleja: Escoge bien tus argumentos antes de intentar convencer a un Aprendiz de Brujo, porque puede que su cerebro no funcione como el del resto de los mortales. Y si algún día encuentras una Ranita que habla, por favor no la beses. Avísame, que la echo mucho de menos…

PILUX

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Categorías:Mentiras Verdaderas
  1. 6 octubre 2009 en 19:29

    Excelente relato y una moraleja que me dejò pensando en como debò hablar a partir de ya, jajajajaja.

    Saludos!

  2. Gin Hindew
    18 enero 2010 en 22:44

    Curioso relato que describe en forma eficiente la psique metahumana(hey, tenemos derecho a soñar), y un agradable plegio de una fabula conocida, ya me voy, tengo que decidir que cuento voy a reescribir conmigo como protagonista^^

  1. 7 octubre 2009 en 09:15

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