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Archive for 26 diciembre 2009

Y en el 2010 también

26 diciembre 2009 18 comentarios

Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, a esta altura más que una frase de un tango inmortal es un axioma científicamente comprobado, un versículo que encierra una verdad indiscutible. No hace falta ni siquiera esforzarse para verlos por todas partes, se llamen Silvio Berlusconi, Emilio Botín o Julio Grondona.

Lo que no podía prever Discépolo ni nadie, es que el despliegue de maldad insolente característico del siglo XX se traduciría a sí mismo, refinándose, volviéndose sutil, altamente engañoso y cada vez más escurridizo. No se podía prever que la maldad franca y llana del crimen organizado de principios del siglo pasado evolucionase de esta forma en cinismo e hipocresía, ni que los jefes absolutos de las organizaciones criminales se sintiesen más cómodos en despachos de cargos oficiales que en suburbios impracticables para las personas honradas.

No se podía vislumbrar que las guerras perderían todo su espantoso significado soberanista, conquistador y su pasión por la expansión territorial a manos de un complicado entramado de negocios divididos entre el continuismo de la industria armamentista y los enormes beneficios que proporciona la reconstrucción de los países invadidos y la explotación de sus recursos naturales a manos de las fuerzas de ocupación.

Nadie podía imaginar que el presidente de una de las mayores potencias mundiales, General Máximo de varias guerras en activo, sería premiado con el Nobel de la Paz solamente a causa de un montón de palabras, sin respaldo alguno en los hechos.

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El teletrabajo del Padre de Arturito y los títulos de las películas

20 diciembre 2009 10 comentarios

Trabajar desde casa es lo mejor y lo peor a la vez. Al mismo tiempo y sin paliativos. Como viene siendo habitual en las últimas décadas, la incorporación de tecnología a la vida cotidiana nos trae enormes beneficios acompañados de una ingente cantidad de desgracias subyacentes originadas por el tiempo, la energía y la imaginación sobrantes del esfuerzo necesario para ganarnos el pan, con los que muchas veces no sabemos qué hacer.

En mi caso particular, el bajo precio del ADSL, la crisis económica mundial producto de las hipotecas subprime y una tendencia difícilmente controlable hacia permanecer sentado el mayor tiempo posible, han traído a mi vida esta nueva maravilla del mundo moderno. Los beneficios son evidentes: Ahorro de tiempo, porque no paso dos horas diarias en el coche para ir y volver del trabajo, como antes. Ahorro de dinero, porque no como más en restaurantes a diario, y un consiguiente aumento del tiempo restante para dedicar a mi familia y a mis aficiones más oscuras, como la de atormentar a los internautas publicando artículos insufribles como éste.

Las desventajas, en cambio, tardan más en aparecer, son más difíciles de identificar claramente y, como la adicción a las drogas psicoactivas, son asimiladas lentamente como rasgos característicos de la personalidad, como si en vez de ser un mal hábito adquirido fuesen un mal congénito inevitable, una desgracia instalada en la tierra por un poder supremo o un mal premio obtenido en una tómbola benéfica.

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Ideología (versión remasterizada)

19 diciembre 2009 18 comentarios

Seguramente Ideología en su versión original fue uno de los textos de este blog que más gustó y más éxito tuvo. Personalmente creo que no sin razón. A mí también es uno de los textos que más me gusta. Por este motivo lo seleccioné para ser publicado en una revista digital el año que viene. A causa de esa publicación inminente, el texto fue corregido – creo que mejoró bastante – e ilustrado por la artista Gabriela Sennes. La razón principal por la que lo vuelvo a publicar aquí es porque creo que la ilustración, que me llegó esta mañana, es preciosa y le hace muchísima justicia al texto, así que no pude resistir la tentación de volver a publicar el artículo. Espero que quienes ya lo hayan leído disfruten de su relectura, y quienes lo lean por primera vez estoy seguro de que también lo disfrutarán. ¡Muchas gracias Gaby!

Ilustración original de Gabriela Sennes

Ilustración original de Gabriela Sennes

Desde chico, muy chiquito, tuve una ideología. Me la regalaron mis papás en una cajita de cartón color madera, atada con una cinta verde que formaba un lazo. Es el primer regalo que recuerdo en mi vida, cuando cumplí los cuatro años. Abrí la caja y allí estaba, blanca, con pintitas de colores limpios que salpicaban un pelaje algodonado y suave al tacto, mirándome con dos enormes ojos profundos y alegres. Yo la quería mucho, porque era una ideología graciosa, juguetona y dulce. Cuando me veía se estremecía y me saltaba a los brazos, feliz. Yo la acariciaba y la acurrucaba en el nacimiento de mi cuello, donde se quedaba durante horas al calor de mi niñez. La cuidaba como a nada en este mundo. Era una buena ideología. Era una ideología que hablaba de ser un buen hombre en el futuro, de construir un planeta un poco más cuerdo, un poco más justo, un poco menos disparatado. Era una ideología generosa, que me hacía pensar en los demás, me recordaba mis privilegios, la suerte cotidiana de un plato de comida caliente en la mesa, de una familia orgánica y funcional, de la presencia del amor en mi vida.

Dormía conmigo en mi cama de niño, y me ayudaba a tener buenos sueños. Cuando aparecía un mal sueño, al despertar sobresaltado mi ideología me consolaba, se acurrucaba contra mí y me contaba historias divertidas en las que los buenos ganábamos siempre, me prometía una vida genial cuando fuese mayor, me invitaba a ser parte de una conjura contra el mal de este mundo.

Cuando empecé la escuela primaria, un día la quise llevar, convencido de que mi ideología tenía que conocer ese lugar donde pasaba tan largos ratos de mi vida. Mis padres se negaron. “Una ideología es muy importante, algo que hay que cuidar mucho. No la saques de casa, a ver si la vas a perder”, dijeron, balanceando el dedo índice, como hacen los mayores cuando quieren dar énfasis a una orden, pero que parezca un consejo sensato. Fue ella, mi ideología, la que me llamó a desobedecer, así que no hice caso. Me gustaba tanto mi ideología que me la escondí en la ropa, satisfecho por el cosquilleo agradable que me hacía su contacto en la piel, agarrándose con sus pequeñas y  suaves manos, rematadas por dedos de uñas romas.

Durante el transcurrir de la mañana me di cuenta de que mi ideología me hacía un niño mejor. Ese día presté mis lápices, no peleé con los demás, y en el recreo, persuadido por ella, decidí compartir las cuatro galletas que llevaba con tres niños que no eran amigos míos, de esos con los que nadie quiere jugar y que siempre están solos en un rincón del patio, mirando cómo juegan los otros, sabiéndose excluidos por ser diferentes. En un acceso de amistad repentina, los invité a mi cumpleaños, a pesar de que no sería hasta varios meses después. Regresé a casa sintiéndome bien, totalmente convencido de que su presencia en mi vida solamente me traería alegrías, la opción diaria de sentirme mejor conmigo mismo.

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El Aprendiz de Brujo y el parecido de la diferencia

13 diciembre 2009 10 comentarios

Por más que lo intento, y a pesar de que a conciencia, total y absolutamente, acuerdo y suscribo los preceptos de igualdad de género, de oportunidades y de todo lo que sea posible, no consigo ver a las mujeres y a los hombres iguales. De hecho, ni siquiera veo iguales a los hombres y a las mujeres entre sí, y termino pensando que la especie humana es quizás la que tiene más suerte sobre la tierra, al poseer la enorme riqueza de la diversidad más absoluta en cada uno de sus individuos, y el desparpajo y la falta de criterio de no saber capitalizar y disfrutar esa diversidad.

Desde mi punto de vista, es indiscutible que hay patrones de similitud entre grandes grupos de hombres y grandes grupos de mujeres, y es también conocido por todos que nuestra torpeza congénita y la facilidad que tenemos para generalizar ayudan a crear los estereotipos, de los que luego terminamos prisioneros, y viviendo casi en función a unas verdades de andar por casa en las que no terminamos de creer.

Durante los últimos años, cada vez tengo una sensación más fuerte y marcada de vivir en una sociedad que elige mal. Ahora, como hemos demostrado a lo largo de toda la historia de la humanidad que parte del patrón común del grupo mayoritario de hombres tiende a ocupar espacios de poder, a someter y a ordenar, hemos decidido que necesitamos que la ley marque los límites, y hemos, una vez más, sometido a hombres y mujeres a la llamada discriminación positiva.

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¡Te mataré… Bellota!

8 diciembre 2009 7 comentarios

Si en algo no estoy del todo feliz al haber crecido en una familia de ateos convencidos, es con la celebración de las fiestas navideñas. No es que en mi casa no se celebrasen, jamás faltó la fiesta, jamás faltó un regalito para cada uno de los niños ni la decoración al uso, ni el muérdago en la puerta. Simplemente es que nunca conseguí comprender del todo eso que los yanquis venden al por mayor, y se llama “Espíritu navideño”. Yo no tengo de eso, ni siquiera sé lo que es.

Soy como un observador que carece de la información genética necesaria para interpretar el fenómeno. Estoy inserto en un grupo humano que funciona durante diez meses y medio con relativa normalidad, siguiendo unos patrones de comportamiento y respetando el dictamen irrevocable de un sinnúmero de estadísticas que a veces, en lugar de revelarnos cómo nos comportamos, nos dicen cómo debemos hacerlo.

Entonces, de repente, al acercarse el final del año y sin previo aviso, los emporios comerciales dan el pistoletazo de salida, y comienza el período navideño, que al igual que el desgaste de los polos o las temperaturas medias de la superficie terrestre, desde mi niñez hasta hoy, esta época de crisis colectiva se ha ampliado a razón de cinco o seis horas anuales: antes la navidad duraba dos semanas. Hoy, ya estamos en el mes y medio, y dentro de trescientos años se prevé que dure catorce meses al año, superponiéndose de un año para otro y generando una escasez mundial de juguetes, frutos secos, turrones y muérdago de plástico que llevará a la crisis economía mundial, definitiva y total, que acabará para siempre con la especie humana.

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Matalobos

3 diciembre 2009 8 comentarios

A veces el ejercicio mismo de la escritura se nos revela como algo sorprendente e inesperado. A lo largo de mi vida he pasado muchas horas escribiendo, con más o menos fortuna, pero hay un sortilegio recurrente en los personajes que se revelan bajo las filigranas de celulosa de mis viejos papeles, y es que siempre, siempre, tienen un capricho, una reacción, un gesto que me traiciona. Son rebeldes, hacen su propia vida utilizando mi lenguaje como instrumento.

Esto es relativamente común, supongo. Una experiencia recurrente entre quienes escriben (y quienes intentamos escribir) ficción. Pero esta vez me pasó algo realmente extraño y que en los últimos días me ha quitado el hambre y el sueño.

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Charlas de Hombre a Hombre II: Un nuevo enfoque

1 diciembre 2009 6 comentarios

Recordarán quienes sigan las vicisitudes de la accidentada vida emocional de mi hijo Pablo (ver Charlas de Hombre a Hombre y Charlas de Mujer a Mujer), que dejamos el relato de sus tribulaciones amorosas en el álgido punto en que su pretendida, acosada por el ímpetu seductor de más de dos y de más de tres pequeños romeos, se decidía por el que la atacaba menos, y le enseñaba el intrincado y fascinante mundo de los gusanos de tierra.

Ensombrecido por la derrota, Pablo eligió el camino que tantas veces nos hemos prometido algunos a nosotros mismos: “Nunca más me voy a enamorar de nadie”. Simplemente lo decidió y ya está, de un día para otro, Celia quedó borrada para siempre de su dolorido corazón.

Nosotros, como padres modernos y sin prejuicios que somos, siempre le hemos dicho a Pablo que se pueden casar también hombres con hombres y mujeres con mujeres, y que, llegado el caso, pueden adoptar niños. Así que rápidamente halló la solución definitiva y perfecta para su mal de amores:

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