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Posts Tagged ‘maldad’

Mi Furia

13 febrero 2010 14 comentarios

Mi furia está hecha de pedacitos de caparazón de bicho bolita. Puede cerrarse sobre sí misma para volverse impenetrable, ciega y sorda, o puede abrirse despacio y con cautela, exploradora, curiosa, lenta y precisa. Nos llevamos bien. Ella permite que yo la convoque a un sueño cómodo y letárgico cada vez que necesito cumplir con mis obligaciones, ver un noticiero o comprar regalos de navidad. Yo le permito que se asome por las noches, sigilosamente, haciendo trizas mi sueño con sus pequeñas tenazas de acero inoxidable. Ella no me deja dormir, mientras daña suavemente el edificio de verdades absolutas que oculto bajo mi cama. Primero desgasta un poco la democracia representativa, riéndose de la farsa indignante de trescientos cincuenta tipos disfrazados de guardianes de la libertad, que debaten sin intención de debatir, acuerdan sin intención de acordar, y se tapan unos a otros las vergüenzas después de repartirse las migas del banquete del Estado de Bienestar. Después destruye una parte de la sociedad occidental y cristiana, metiendo el dedo en la llaga de los fanatismos religiosos, cuando el muerto se ríe del degollado mientras los blancos, horrorizados durante las procesiones de semana santa, se flagelan unos a otros con látigos de papel, al mismo tiempo que, con la boca torcida, acusan de fanáticos a los moros, de caníbales a los negros y de ladrones a los gitanos.

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Y en el 2010 también

26 diciembre 2009 18 comentarios

Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, a esta altura más que una frase de un tango inmortal es un axioma científicamente comprobado, un versículo que encierra una verdad indiscutible. No hace falta ni siquiera esforzarse para verlos por todas partes, se llamen Silvio Berlusconi, Emilio Botín o Julio Grondona.

Lo que no podía prever Discépolo ni nadie, es que el despliegue de maldad insolente característico del siglo XX se traduciría a sí mismo, refinándose, volviéndose sutil, altamente engañoso y cada vez más escurridizo. No se podía prever que la maldad franca y llana del crimen organizado de principios del siglo pasado evolucionase de esta forma en cinismo e hipocresía, ni que los jefes absolutos de las organizaciones criminales se sintiesen más cómodos en despachos de cargos oficiales que en suburbios impracticables para las personas honradas.

No se podía vislumbrar que las guerras perderían todo su espantoso significado soberanista, conquistador y su pasión por la expansión territorial a manos de un complicado entramado de negocios divididos entre el continuismo de la industria armamentista y los enormes beneficios que proporciona la reconstrucción de los países invadidos y la explotación de sus recursos naturales a manos de las fuerzas de ocupación.

Nadie podía imaginar que el presidente de una de las mayores potencias mundiales, General Máximo de varias guerras en activo, sería premiado con el Nobel de la Paz solamente a causa de un montón de palabras, sin respaldo alguno en los hechos.

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Dai Verde o la conveniencia de la iniciación temprana en la vida friki

22 noviembre 2009 5 comentarios

Los Aprendices de Brujo, fanáticos conversos, frikis de diversas calañas, jugadores de rol, programadores a sueldo y seguidores de Star Wars, El Señor de los Anillos o Harry Potter, entre otros estereotipos de dudoso origen, somos propensos a los rituales iniciáticos, los objetos de culto y las ceremonias nocturnas. Nos gusta ser el motor evangelizador de nuestra tribu urbana, sea cual sea, y ganar adeptos para nuestras causas inútiles, sean cuales sean. Ahora bien, cuando llega la paternidad, entonces comienza una guerra en paz con la madre de nuestros hijos, que intenta retrasar todo lo posible la iniciación de nuestros retoños en cualquiera de estas lides, y nosotros, entusiasmados, soñando con el momento de compartir, por primera vez, armados de un cuenco de pochoclo, frente a una pantalla lo más grande posible, aquéllas piezas de celuloide que hace treinta años nos dispararon la imaginación y el deseo de poseer poderes sobrenaturales con nuestros pequeños.

Considero que una de las virtudes de la edad adulta es la disminución de la vergüenza. A mí, por lo menos, hace años ya que no me da vergüenza reconocer públicamente mi afición por este tipo de sagas (espero que nadie tenga el mal gusto de nombrar Star Trek, que no le llega a Star Wars ni a la suela de los zapatos), o que leo con la misma concentración a García Márquez o a Paul Auster que los libros de Harry Potter o La Trilogía de Terramar. Simplemente considero que, a mi edad, es un derecho adquirido. Trabajo, pago mis impuestos, soy un ciudadano modelo y, por lo tanto, tengo derecho legítimo a invertir mi tiempo libre como mejor me parezca, y además, a adoctrinar a mis hijos en la senda de la profunda sabiduría de Yoda.

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El verdadero flagelo de la Humanidad

11 noviembre 2009 3 comentarios

Apocalipse

Si el Siglo XX fue Cambalache, problemático y febril, el XXI no se está quedando atrás en ninguna de las categorías en las que es posible clasificar los males de este mundo, pero con la ventaja añadida de que ahora vivimos de pleno la era de la hiperinformación, que por cierto, no importa mucho si es buena o mala, o la fiabilidad de la fuente, sino que sea mucha, variada, atractiva y, si es posible, de colores. Hoy por hoy, cualquier persona lee un titular en cualquier sitio de internet y sale vociferando a gritos:

–          ¡Cacho! ¡Que parece que al final Einstein era un maricón reprimido que inventó la bomba atómica para vengarse de su padre, que por cierto le pegaba y le metía los cuernos a la mamá con la pescadera!

Cacho, que ya no se sorprende de nada, escucha atentamente y dos horas más tarde, en el bar con los amigos, suelta:

–          Dicen que el científico ese que inventó la vacuna contra la rabia, sí, ese de los pelos de loco que sacaba la lengua. Parece que el padre lo violaba desde chiquito y por eso le pidió a los yanquis plata para hacer una bomba atómica para matar a la pescadera. Y eso no es nada, la madre era una loca de mierda que le buscaba amantes al esposo mientras hacía la compra.

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El descanso de los Héroes

2 noviembre 2009 4 comentarios

El_ZorroDesde el principio de los tiempos, los hombres y mujeres comunes necesitamos de héroes en los que creer y confiar, en los que depositar esperanzas, sueños de gloria o deseos de venganza. Personas que sean diferentes, que encarnen la rabia colectiva, que sepan erigirse en íconos de la rebelión y representar a los guías emocionales que lideren nuestras pequeñas batallas diarias.

Desde mi infancia más remota recuerdo la emoción y la admiración que sentía por los héroes. Superman o Spiderman encarnaban los valores fundamentales que la cultura occidental le atribuye a los héroes: un sentido de la justicia infalible, aunque no siempre comulgue con la ley, el don absoluto de la oportunidad más ubicua, es decir, estar siempre allí donde se les necesita, la generosidad de otorgar perdón aún después de haber sido brutalmente agredido y la falta total de deseos de reconocimiento, gloria o cualquier tipo de ambición personal.

Este esquema me funcionó perfectamente hasta los siete u ocho años. Después, empecé a percibir una cierta ironía en el asunto. Superman era invulnerable. Podía volar, las balas le rebotaban y solamente le hacía daño la Kriptonita, una piedra verde brillante muy difícil de conseguir. No era cuestión de entrar a un almacén y pedir media docena de huevos, ciento cincuenta de salchichón primavera y medio kilo de Kriptonita verde. La misma condición de invulnerabilidad era casi obligante. Un tipo así no tiene más remedio que ser héroe o villano, y aún siéndolo comenzó a parecerme que el mérito era escaso: no había nada en juego. Tres cuartos de lo mismo para el arácnido mutante: los poderes sobrenaturales le daban una ventaja comparativa que paulatinamente fue obligando a Hollywood a crear villanos más y más poderosos y sobrenaturales, con lo cual la esencia misma del villano le restaba espectacularidad a los poderes de los superhéroes.

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El Aprendiz de Brujo y la trama secreta de la pequeña y mediana empresa

10 octubre 2009 5 comentarios

pinkythQue las grandes corporaciones quieren conquistar el mundo, cual Pinky & Cerebro, ya lo sabemos. Cualquiera que haya visto la última de James Bond o una serie astuta de la tele se da cuenta sin ningún esfuerzo. El problema es que han sido tan sigilosos, tan astutos y tan efectivos en su hacer, que han logrado tenernos engañados durante años mientras fijaban sus posiciones.

Consiguieron distraer a los ecologistas mandando a los japoneses a matar ballenas y a los canadienses a despellejar focas, mientras escondían al mundo los prototipos del coche que funciona con moco, el que funciona a base de restos de comida casera y otro más que anda con pilas doble a, no con el pretendido motivo de ganar montañas de dinero con el comercio de petróleo, sino para que los ecologistas tengan de qué quejarse y no descubran la verdad.

A los activistas por los derechos humanos los mantuvieron ocupados mandando a las empresas farmacéuticas a hacer ensayos clínicos peligrosos en áfrica, poniendo a trabajar a los niños chinos en sótanos sin aire y a los pequeños hijos pobres de las democracias occidentales y cristianas a limpiar cristales de coches propulsados por combustibles fósiles durante los semáforos en rojo. Sobre esta última actividad el Sindicato Mundial de Payasos lanzó una ofensiva a escala global, apostando agentes que hacen malabares y escupen fuego, con el propósito secreto de expulsar sin lucha a los limpiavidrios, mientras los conductores, extasiados, aplaudían sus gracias.

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El abogado, el médico y el aprendiz de brujo

8 septiembre 2009 19 comentarios

Somos nuestras profesiones. Eso y el lugar donde nacimos y /o crecimos. Vivimos en un mundo lleno de clichés, lugares comunes y estereotipos, y todos, en mayor o menor medida, contribuimos a esa banalización progresiva de los conceptos que nos rodean, que cada vez sucede con mayor rapidez. Así las cosas, nos cuesta concebir que la forma de llenar la olla no sea mucho más que eso, y entonces sabemos con certeza que todos los taxistas son charlatanes, que todos los argentinos tenemos labia y un punto atorrante, mentiroso o exagerado, que ninguna persona que haya estudiado cualquier carrera humanística puede tener un trabajo lucrativo relacionado con sus estudios, que todos los abogados defienden a los malos, que a los médicos hay que hacerles caso en todo porque para eso estudiaron y saben más que uno, y que todos los que nos dedicamos a cualquier disciplina abstracta (informáticos, programadores, matemáticos, físicos, etc.) somos una banda de freaks que, pasados los treinta, tenemos la habitación llena de muñecos de La Guerra de las Galaxias, vemos webs porno sin parar, leemos toda la ciencia ficción que nos cae en las manos y no sabemos hablarle a las chicas (“existen dos tipos de hombres: los que saben binario y los que tienen novia”), además de tener el sentido del humor seriamente perjudicado por una visión del mundo drásticamente distorsionada.

No me gustan los estereotipos, pero creo que por algo existen, y que es bueno ser capaz de reírse de ellos, sobre todo cuando nos tocan de cerca. Y a pesar de que no me gustan, estoy obligado a reconocer que existe un fondo de razones que, exageradas una y otra vez por quienes las esgrimen, acaban dándole cierto regusto de verdad al asunto. Y nunca falta, además, (por dar un ejemplo que me toca) el programador al que yo llamo gordo Unix, que ostenta un poderoso sobrepeso, pelo y barba enmarañados, escasas habilidades sociales, marcado mal gusto en el vestir, y solamente puede hablar de temas científicos o de sables láser, y, por supuesto, juega juegos de rol. Cuando aparece uno de estos personajes, verifica frente al mundo entero todos los tópicos habidos y por haber, y entonces es inútil discutirlos, y resulta más fácil sentirse identificado y hacer causa común con el gordo Unix, batiéndonos a brazo partido, espalda contra espalda, enfrentados al resto de los presentes en ese momento, para defender la dignidad de la profesión. Si el gordo Unix, para colmo de males, llega a ser argentino y estamos de este lado del mundo, entonces ya sé antes de empezar que acabaremos malheridos, ahogando nuestras penas en una Quilmes y panqueques con dulce de leche, mientras comentamos en voz baja el último libro de Harry Potter.

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