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Posts Tagged ‘matemáticas’

El año nuevo de la época del dos mil cero

1 enero 2010 4 comentarios

Hoy no tengo un buen día, al menos desde la perspectiva de las teclas cuadradas con las que suelo armar palabras. He visto amanecer lentamente el primer día del año, desde mi cama. En mi mesa de luz hay un reloj que proyecta la hora en números rojos en el techo al compás de mi insomnio crónico, y es como una cuenta atrás de mi obsesión, a pesar de avanzar tan lentamente. A medida que la nitidez de los números pierde fuerza, mi duermevela sabe interpretar que está amaneciendo, porque en ese estado narcótico y mentalmente inútil no soy capaz de decodificar correctamente cuatro cifras separadas por dos puntos como un momento concreto del día.

Así que me levanté de mal humor, y por primera vez en el año ejecuté automáticamente los rituales diarios de la mañana. El paso por el baño, sin detalles de interés para los lectores – quiero imaginar –, el café, encender la máquina con los ojos enrojecidos frente a la pantalla, un cigarro y entonces mi resurrección privada, íntima, la de cada día, la del primer sorbo de café con leche y la primera calada de vapor cancerígeno, la de la conciencia de mí mismo que aparece lentamente, se propaga por mis dedos y mi piel, me devuelve al mundo de los vivos.

Me puse frente a mis letras, sin lograr conectar la sinapsis en grupos de más de tres neuronas. La resaca del año nuevo, y la sensación absurda que me invade siempre en estas fechas. Desde que existe la cultura occidental no hacemos más que poner fronteras. Alambramos nuestra parcelita de tierra, amurallamos nuestras ciudades, inventamos los países, las provincias, los continentes. A todo le ponemos nombres y límites, es una afición peligrosa. Primero descubrimos algo, algo que ya estaba ahí, pero la soberbia de la especie humana se empeña en que lo que es nuevo a sus ojos debe serlo también para el mundo entero, para el universo y para la verdad. Una vez descubierto ese algo, lo encerramos en un límite real, imaginario o inevitable. Puede ser un alambre de púas, un océano o una cadena de montañas, pero cuando el límite natural no existe y el real es impracticable (no se puede alambrar un país), entonces inventamos un límite imaginario con lápiz y papel. Después escribimos las reglas para pasar ese límite, y esas reglas siempre establecen un valor de comparación. Si es más fácil cruzar ese límite en un sentido que en otro, entonces automáticamente lo que está de un lado se califica por encima de lo que está del otro, y a ninguno de nosotros se le ocurre discutir esa calificación.

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Preguntas con futuro

8 octubre 2009 10 comentarios

preguntasProbablemente una de las desviaciones patológicas más incontrolables que provoca la profesión de Aprendiz de Brujo sea una incontrolable afición a numerar, estimar y optimizar el mundo real. No es que verdaderamente sea posible, ni siquiera probable, que el desgaste energético de estar permanentemente calculando datos inútiles mejore en algo el mundo imperfecto que existe fuera de los circuitos impresos que la microelectrónica nos brinda en forma de computadores, pero al menos calma los nervios, ocupa la mente y ocasionalmente nos brinda un buen tema de conversación.

Mi mujer, que por suerte para ella estudió Historia del Arte, y por lo tanto está a salvo de las trampas de la física, la matemática y otras ciencias algo más profanas que se ocupan de codificar las leyes no escritas que regulan el funcionamiento de las cosas, sufre como una condenada cada vez que estamos en algún sitio y se me dispara el módulo optimizador.  Recuerdo la primera vez que esto sucedió porque con el tiempo se ha transformado en uno de esos gags familiares a los que recurrimos cada vez que queremos ejemplificar algo de manera incontestable, y ella lo solía utilizar para fines incluso más oscuros. Estábamos de novios, no hacía mucho, pero sí lo suficiente como para que yo empezase a dejar de ocultar mi obsesiva afición por los análisis tendenciosos de la realidad. Volvíamos del cine, sentados en el metro, y, sin previo aviso ni advertencia acerca de mi peregrinaje por los páramos de la numerología, le solté una de mis cavilaciones favoritas:

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Capítulo Pi(-05). Acción en Barcelona – Canadá (2006).

4 octubre 2009 7 comentarios

equa1Carla abrió los ojos a las 09:38. Para entonces yo llevaba despierto casi tres horas, sin atreverme a mover un músculo, alimentando a oscuras un miedo ancestral a perderme en territorio hostil, fortificando mis defensas, contemplando cómo el día se desperezaba con lentitud, transparentando las cortinas. Se giró hacia mí. Me abrazó, aún dormitando. Me besó en la mejilla, antes de gruñir confusamente en mi oído:

–      Buenos días. ¿Desayunamos?

–      Claro. – conseguí decir – Pero no nos podemos colgar mucho. Me tengo que ir.

–      Hoy es sábado. Nadie se tiene que ir tan temprano un sábado.

Intento estimular mi funcionamiento neuronal, pero su cuerpo desnudo, pegado al mío, refracta mi posibilidad de producir excusas plausibles a una velocidad razonable. Los terminales nerviosos de mi estómago descubren su mano izquierda, buscándome. Intento no reaccionar. Me mordisquea la oreja. Me acomodo en la cama, boca arriba, mientras no puedo evitar un nuevo torrente de sangre que amenaza con inundar mis vasos capilares. “Esperá un momento”, murmuro. Su lengua me recorre suavemente la punta de un pezón por toda respuesta. Su mano me ataca, me rodea, me estremece, me levanta de entre los muertos, me recupera del páramo de fango donde mi terror privado me inmovilizaba. “Parece que te despertaste contento”, dice, pasando su pierna sobre mi cintura. “¿No íbamos a desayunar?”. “Después”, dice, montada sobre mí, mientras neutraliza mi función de habla con sus labios y su lengua.

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