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Posts Tagged ‘novela’

Y en el 2010 también

26 diciembre 2009 18 comentarios

Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, a esta altura más que una frase de un tango inmortal es un axioma científicamente comprobado, un versículo que encierra una verdad indiscutible. No hace falta ni siquiera esforzarse para verlos por todas partes, se llamen Silvio Berlusconi, Emilio Botín o Julio Grondona.

Lo que no podía prever Discépolo ni nadie, es que el despliegue de maldad insolente característico del siglo XX se traduciría a sí mismo, refinándose, volviéndose sutil, altamente engañoso y cada vez más escurridizo. No se podía prever que la maldad franca y llana del crimen organizado de principios del siglo pasado evolucionase de esta forma en cinismo e hipocresía, ni que los jefes absolutos de las organizaciones criminales se sintiesen más cómodos en despachos de cargos oficiales que en suburbios impracticables para las personas honradas.

No se podía vislumbrar que las guerras perderían todo su espantoso significado soberanista, conquistador y su pasión por la expansión territorial a manos de un complicado entramado de negocios divididos entre el continuismo de la industria armamentista y los enormes beneficios que proporciona la reconstrucción de los países invadidos y la explotación de sus recursos naturales a manos de las fuerzas de ocupación.

Nadie podía imaginar que el presidente de una de las mayores potencias mundiales, General Máximo de varias guerras en activo, sería premiado con el Nobel de la Paz solamente a causa de un montón de palabras, sin respaldo alguno en los hechos.

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Matalobos

3 diciembre 2009 8 comentarios

A veces el ejercicio mismo de la escritura se nos revela como algo sorprendente e inesperado. A lo largo de mi vida he pasado muchas horas escribiendo, con más o menos fortuna, pero hay un sortilegio recurrente en los personajes que se revelan bajo las filigranas de celulosa de mis viejos papeles, y es que siempre, siempre, tienen un capricho, una reacción, un gesto que me traiciona. Son rebeldes, hacen su propia vida utilizando mi lenguaje como instrumento.

Esto es relativamente común, supongo. Una experiencia recurrente entre quienes escriben (y quienes intentamos escribir) ficción. Pero esta vez me pasó algo realmente extraño y que en los últimos días me ha quitado el hambre y el sueño.

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Capítulo Pi 25. Acción en Barcelona, 2010.

25 noviembre 2009 Deja un comentario

Caminar es un bálsamo para el dolor de la memoria. No es que sea especialmente aficionado al ejercicio físico, pero Barcelona ofrece un paisaje espectacular al inicio de la primavera. Es fácil darse a la contemplación, tanto de piedra, argamasa y cemento como de huesos humanos revestidos de carne revestida, a su vez, de ropa, constituyendo una persona. Camino e intento concentrarme en los edificios, en los semáforos, en los desechos orgánicos, presumiblemente caninos, que esporádicamente agreden las suelas de los zapatos de los transeúntes incautos, en la fila interminable de mujeres bellas que caminan, algunas apresuradas, otras remoloneando en las vitrinas de los comercios, muchas esforzándose en extender la influencia de su propio halo de feromonas, y otras consiguiéndolo sin proponérselo. Camino a buen ritmo, y no lo hago para desplazarme ni para llegar a alguna parte. Ni siquiera lo hago por simular un rudimento de ejercicio físico para mi vida. Lo hago para mantener a raya a mis pensamientos que me acosan como soldados entregados al asedio del último enclave. Me hieren, se azuzan con el olor de mi propio miedo, por la visión de los poros de mi piel rezumando ese miedo, transpirándolo despacio. Más de un mes sin noticias de Nadja, y ya la antigua soledad termina de instalarse nuevamente, de poblar los espacios vacíos de mis días y mis noches. Solo entonces soy consciente de haber olvidado la cantidad enorme de minutos inútiles que tiene un día. De los cuatrocientos ochenta que la media de la población mundial utiliza para dormir, yo no suelo dormir más de trescientos. En vez de los otros cuatrocientos ochenta que la mayoría de las personas emplea en trabajar, yo suelo dedicar unos seiscientos treinta. Quedan, otra vez según la supuesta media, otros cuatrocientos ochenta para comer, divertirse, mirar televisión, ir al baño y querer a los demás. Esto quiere decir que si a los diez mil ochenta minutos que tiene una semana le quitamos los tres mil ciento cincuenta que dedico al trabajo, los dos mil cien que logro dormir y, digamos, doscientos cincuenta más de desplazamientos y conversaciones insulsas con personas a las que compro café, tickets de metro, barras de pan y cosas similares, quedan cuatro mil quinientos ochenta minutos a la semana durante los cuales dispongo de lo que sea que signifique hoy por hoy el tiempo libre. Cuatro mil quinientos ochenta minutos semanales a solas con mi cabeza que no se detiene, no para de revisar, calcular, repetir fórmulas, balancear inecuaciones, desgranar la realidad y emitir veredictos de culpabilidad en mi contra. Soy un acusado modelo, la fiscalía y la defensa a la vez, juez y parte y sin embargo siempre resulto culpable.

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Capítulo alfa-gamma-delta 05. Acción en Buenos Aires (1986).

24 octubre 2009 Deja un comentario

mujer_fumandoErnesto comenzó la escuela secundaria en marzo, en un colegio del barrio de Barracas, aturdido por la diferencia entre formar filas ordenadas de niños con guardapolvo blanco para cantar el himno nacional, entre los que él era de los más grandes, y el bullicio de un millar de adolescentes ocupando una calle entera, provocando trastornos en la circulación de tráfico rodado mientras fumaban el primer cigarrillo de la mañana, entre los que él era de los más pequeños. El primer descubrimiento que hizo Ernesto en su nueva escuela fue hormonal, instintivo, desde la entrepierna y las tripas, con todo el sistema endócrino alterado, la sangre sublevada y los miles de millones de terminales nerviosos de su cuerpo en estado de alerta permanente. Repentinamente, las niñas peinadas con dos coletas que jugaban a saltar un elástico en los recreos fueron reemplazadas sin piedad por auténticas mujeres con todo en su sitio, caderas redondeadas, pechos explosivos que amenazaban con reventar los botones de las blusas, uñas pintadas, jugosos labios de colores y miradas sugerentes. Fumaban sensualmente y reían con desparpajo. Era como si la vida, en su juego irónico, fuese despiadada con los chicos. Mientras los estudiantes varones de primer año hacían esfuerzos enormes para sacudirse del alma la niñez, jugando a fumar y a tomar cerveza siempre demasiado amarga en el quiosco de la esquina, a la salida de la escuela, y luchando por ocultar sus voces aún infantiles, finitas, deseando más que nada en este mundo que una barba verdadera rompiese al fin sus rostros aún infantiles, las chicas parecían pasar de la infancia a la adolescencia sin transición alguna. Todas tenían tetas. Todas eran sensualidad pura, caídas de ojos hacia los alumnos de quinto, bocas pobladas de dientes blancos, nalgas redondas atrapadas en pantalones ajustados, melenas de pelo movido por la brisa, tirantes de corpiño que asomaban a escotes demasiado abiertos. Era como un anuncio de cigarrillos en el que la protagonista femenina es una mujer sensual, incitante y seductora, y el masculino, en lugar de fumar y luego besarla, extrae de su bolsillo una piruleta y un yo-yo. Ernesto sentía que ninguna de esas hembras auténticas ni siquiera lo miraría hasta que llegase, al menos, al tercer o cuarto año de secundaria, y para eso faltaba media vida.

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Capítulo Pi(-05). Acción en Barcelona – Canadá (2006).

4 octubre 2009 7 comentarios

equa1Carla abrió los ojos a las 09:38. Para entonces yo llevaba despierto casi tres horas, sin atreverme a mover un músculo, alimentando a oscuras un miedo ancestral a perderme en territorio hostil, fortificando mis defensas, contemplando cómo el día se desperezaba con lentitud, transparentando las cortinas. Se giró hacia mí. Me abrazó, aún dormitando. Me besó en la mejilla, antes de gruñir confusamente en mi oído:

–      Buenos días. ¿Desayunamos?

–      Claro. – conseguí decir – Pero no nos podemos colgar mucho. Me tengo que ir.

–      Hoy es sábado. Nadie se tiene que ir tan temprano un sábado.

Intento estimular mi funcionamiento neuronal, pero su cuerpo desnudo, pegado al mío, refracta mi posibilidad de producir excusas plausibles a una velocidad razonable. Los terminales nerviosos de mi estómago descubren su mano izquierda, buscándome. Intento no reaccionar. Me mordisquea la oreja. Me acomodo en la cama, boca arriba, mientras no puedo evitar un nuevo torrente de sangre que amenaza con inundar mis vasos capilares. “Esperá un momento”, murmuro. Su lengua me recorre suavemente la punta de un pezón por toda respuesta. Su mano me ataca, me rodea, me estremece, me levanta de entre los muertos, me recupera del páramo de fango donde mi terror privado me inmovilizaba. “Parece que te despertaste contento”, dice, pasando su pierna sobre mi cintura. “¿No íbamos a desayunar?”. “Después”, dice, montada sobre mí, mientras neutraliza mi función de habla con sus labios y su lengua.

*                     *                     *

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Capítulo Pi(-06). Acción en Barcelona, 2006.

19 septiembre 2009 Deja un comentario

Conocí a Carla por casualidad, en un bar. Fue el viernes 30 junio de 2006, y los argentinos vagábamos desesperados por las calles buscando lugares donde ver las pobres actuaciones de nuestra selección en el mundial de Alemania. Había salido solo de casa, sin demasiadas esperanzas de pasarlo bien, ni de que el equipo nacional acabara de jugar bien en un mundial en el que, a pesar de estar en cuartos de final, el juego había sido pobre y decepcionante. Finalmente encontré un bar en Sagrada Familia, pequeño y sucio, que en la puerta tenía una pizarra anunciando “Hoy Alemania – Argentina”. Faltaba más de media hora para el partido, así que me senté en una mesa para dos, pedí una cerveza y me dediqué a intentar predecir la dirección que tomaría el humo que desprendían las brasas de los tres cigarrillos que, uno detrás de otro, me ayudaron a matar el tiempo. El bar se llenó lentamente, como siempre que hay buen fútbol. La mayoría argentinos, y si bien me sentía solo, era una soledad arropada por esa hermandad que solamente el fútbol produce: profunda, fuerte, pero fugaz y volátil. Sabía perfectamente que al sonar el pitido final, automáticamente todos volveríamos a ser desconocidos.

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Concurso de relatos eróticos breves

15 septiembre 2009 Deja un comentario

Como muchos de ustedes ya saben, el blog “DIARIO DE UNA PUTA DE LUJO” organiza un concurso de relatos eróticos, cuya inscripción finaliza hoy. Yo me presenté con el relato “Necesito Fumar”, que en realidad es un capítulo de la novela que no está publicado en este blog (tal vez al finalizar el concurso lo publique). Como seguramente mañana comenzarán las votaciones del público, y seguramente pediré insistentemente a mis lectores el voto por todos los medios a mi alcance, pensé que era una buena práctica demostrar mi lealtad de participante invitándolos a leer los otros relatos que concursan, para que luego, al votar, lo hagan con convencimiento y libertad.

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