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Posts Tagged ‘tecnología’

Lo verdaderamente absurdo es que exista la Sandía

20 marzo 2010 7 comentarios

Conducía desde Madrid a Barcelona, y como cuento entre mis numerosos defectos el ser fumador, pero entre mis escasas virtudes la de no fumar en el coche, me detuve en un área de descanso cualquiera, para alterar mi sistema nervioso con un poco de cafeína en botella y unas cuantas bocanadas de cáncer potencial. Una familia consumía de cualquier manera comestibles y agua sentados en un murito de piedra. Bajé del coche, botella de medio litro de Coca-Cola en mano, y encendí mi cigarro, mientras me ponía a caminar sin ton ni son por delante del coche, fumando y alternando traguitos cortos de mi botella contaminante. Por alguna razón absurda, me dio pudor observar comer a toda una familia, que fingía no notar mi presencia, así que centré mi atención en el suelo, intentando pensar acerca de algunas opciones tecnológicas sobre el proyecto en el que estoy trabajando actualmente. Pero no pude. Me distrajo un patrón caótico y gigantesco de colillas de cigarrillos muertas sobre la frontera final del pavimento, justo donde la tierra comienza a mostrar las huellas de su existencia. Las había a cientos, si no miles. Algunas, evidentemente recientes. Otras, oscurecidas por la intemperie, con el filtro herido por un pisotón infame, restos de carmín de labios, rastros invisibles de ADN humano, alguna que otra hebra de tabaco rubio escapado a través de un papel de arroz rasgado con infortunio.

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El Paraíso de los Opinólogos y la especialización de los especialistas

24 enero 2010 15 comentarios

Siento nostalgia – aunque no lo llegué a conocer – de un mundo menos abstracto, en el que los seres humanos teníamos profesiones concretas. Cada pueblo tenía un herrero, un médico, un cura y, con suerte, un enterrador, un sastre y un maestro. Gente común que desempeñaba tareas comunes y necesarias. Sin embargo, la modernidad y la tecnología – de la que me confieso usuario, constructor y ferviente admirador – nos han ido regalando la terrible perversión del tiempo libre, un remanente enorme de horas que es preciso llenar de algo para no entrar en pánico. Lo que a simple vista debería ser algo para disfrutar y vivir, se ha transformado de alguna manera en el azote de la vida moderna: tenemos más miedo del aburrimiento que del cáncer de pulmón, el sida y la gripe A juntas.

Puede sonar un poco cínico, pero lo siento así. Millones de personas en el mundo no renuncian al hábito de fumar por miedo al cáncer de pulmón, ni usan sistemáticamente condones por temor a las enfermedades de transmisión sexual, pero la perspectiva de un fin de semana sin otra cosa que hacer que mirar el techo las llena de pavor. Desesperados, llamamos a amigos, conocidos y vecinos, si hace falta, con tal de tener un plan, algo que hacer, un lugar a donde ir en el que nos vendan un tramo de entretenimiento enlatado para nosotros especialmente.

La telebasura es el gran beneficiario del miedo, y también uno de los grandes empleadores de mano de obra ociosa a causa de la tecnología. Muchas personas que hace doscientos años no hubiesen sido ni líderes naturales, ni espirituales, ni especialmente respetados por su sabiduría, y por lo tanto hubiesen estado condenados a desempeñar oficios manuales y honrados, como limpiar pescado o herrar caballos o plantar naranjas, hoy han encontrado, por la perversa combinación de tecnología y miedo al aburrimiento, una nueva, generosamente remunerada y prestigiosa profesión: Opinólogos.

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El teletrabajo del Padre de Arturito y los títulos de las películas

20 diciembre 2009 10 comentarios

Trabajar desde casa es lo mejor y lo peor a la vez. Al mismo tiempo y sin paliativos. Como viene siendo habitual en las últimas décadas, la incorporación de tecnología a la vida cotidiana nos trae enormes beneficios acompañados de una ingente cantidad de desgracias subyacentes originadas por el tiempo, la energía y la imaginación sobrantes del esfuerzo necesario para ganarnos el pan, con los que muchas veces no sabemos qué hacer.

En mi caso particular, el bajo precio del ADSL, la crisis económica mundial producto de las hipotecas subprime y una tendencia difícilmente controlable hacia permanecer sentado el mayor tiempo posible, han traído a mi vida esta nueva maravilla del mundo moderno. Los beneficios son evidentes: Ahorro de tiempo, porque no paso dos horas diarias en el coche para ir y volver del trabajo, como antes. Ahorro de dinero, porque no como más en restaurantes a diario, y un consiguiente aumento del tiempo restante para dedicar a mi familia y a mis aficiones más oscuras, como la de atormentar a los internautas publicando artículos insufribles como éste.

Las desventajas, en cambio, tardan más en aparecer, son más difíciles de identificar claramente y, como la adicción a las drogas psicoactivas, son asimiladas lentamente como rasgos característicos de la personalidad, como si en vez de ser un mal hábito adquirido fuesen un mal congénito inevitable, una desgracia instalada en la tierra por un poder supremo o un mal premio obtenido en una tómbola benéfica.

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