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Posts Tagged ‘uruguay’

Y en el 2010 también

26 diciembre 2009 18 comentarios

Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, a esta altura más que una frase de un tango inmortal es un axioma científicamente comprobado, un versículo que encierra una verdad indiscutible. No hace falta ni siquiera esforzarse para verlos por todas partes, se llamen Silvio Berlusconi, Emilio Botín o Julio Grondona.

Lo que no podía prever Discépolo ni nadie, es que el despliegue de maldad insolente característico del siglo XX se traduciría a sí mismo, refinándose, volviéndose sutil, altamente engañoso y cada vez más escurridizo. No se podía prever que la maldad franca y llana del crimen organizado de principios del siglo pasado evolucionase de esta forma en cinismo e hipocresía, ni que los jefes absolutos de las organizaciones criminales se sintiesen más cómodos en despachos de cargos oficiales que en suburbios impracticables para las personas honradas.

No se podía vislumbrar que las guerras perderían todo su espantoso significado soberanista, conquistador y su pasión por la expansión territorial a manos de un complicado entramado de negocios divididos entre el continuismo de la industria armamentista y los enormes beneficios que proporciona la reconstrucción de los países invadidos y la explotación de sus recursos naturales a manos de las fuerzas de ocupación.

Nadie podía imaginar que el presidente de una de las mayores potencias mundiales, General Máximo de varias guerras en activo, sería premiado con el Nobel de la Paz solamente a causa de un montón de palabras, sin respaldo alguno en los hechos.

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Oquensio

15 septiembre 2009 4 comentarios

Cuando era niño vivía una realidad ligeramente diferente a las de los demás niños. Desde muy chico tuve claro que mis padres eran exiliados provenientes del Uruguay. Había una cierta cantidad de cosas que los hijos de exiliados sabíamos perfectamente. Sabíamos que en la escuela no se podía hablar de ciertos temas, sabíamos que los exiliados teníamos el deber moral de ser solidarios entre nosotros,  – sea lo que sea que significase eso – y sabíamos que, en la práctica, la repercusión más común de este tipo de solidaridad era que, con relativa frecuencia, teníamos que dormir dos niños en la misma cama para ceder la nuestra a alguien que necesitaba “un par de noches” hasta que encontrase un lugar. Hablamos de los 70’s y 80’s, y en esa época desfilaban por mi casa una serie de personajes de lo más pintoresco y variopinto, desde los que eran terriblemente intelectuales, que solían tener poca o ninguna afición por los niños, y hablaban un idioma incomprensible que resultó ser castellano “culto”, hasta los parranderos inagotables que, después de la cena, animados por un vaso de vino, empuñaban la guitarra y cantaban canciones de protesta hasta el amanecer, libres de todo compromiso laboral o escolar. Recuerdo especialmente un cantautor, cuyo nombre mantendremos en el anonimato, que al menos una vez al año – cuando su mujer lo ponía de patitas en la calle – llegaba a casa, como de visita, sin previo aviso, y se quedaba con la parranda y la guitarra semanas y semanas, hasta que un ataque de asma provocaba que lo retirasen en ambulancia, y bajaba los puentes levadizos de la esposa, que entonces le permitía volver.

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Categorías:Mentiras Verdaderas

Capítulo alfa-gamma 18. Acción en Uruguay – Buenos Aires (1985)

13 septiembre 2009 Deja un comentario

Las gaviotas revoloteaban entre los desechos del puerto, salpicándose mutuamente las alas con restos de podredumbre de peces muertos y tripas arrancadas por los pescadores, que atracaban las barcas, limpiaban y vendían su mercadería en el mismo sitio: el puerto de La Paloma, recalentado a fuego lento por el sol inclemente de febrero. Alonso deambulaba entre los puestos de pescado, buscando una corvina rubia para asar a la parrilla, ajeno al bullicio de fondo y al discurso ininterrumpido de Sonia en primer plano, asintiendo con la cabeza a intervalos regulares, para dar a entender así que estaba siguiendo el desarrollo de la conversación. Su cabeza estaba en otra parte. En su Las Piedras natal, en el recuento desafortunado de otro año de infortunios y dudas, en su hijo Mauricio, que estaba a punto de ver cómo toda su vida se desmoronaba. Marta había sido clara: ese año, solamente conocerlo y charlar con él. El verano siguiente le dirían la verdad. Alonso se preguntaba de qué estaba hecha la verdad, cuál y cómo era esa verdad por la que llevaba tanto tiempo luchando. ¿La verdad era que había sentido miedo? ¿Había sido cobarde? ¿O la verdad era que era demasiado joven, demasiado estúpido? ¿Era su verdad la misma que la de Marta?

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El Aprendiz de Brujo y el Supermán Humano

11 septiembre 2009 10 comentarios

Mi familia es un completo desorden. Ni siquiera hago el intento de disimularlo, hace ya muchos años que estoy resignado a eso. Sería muy largo de explicar en una entrada de blog (por eso estoy escribiendo una novela), pero hay cosas que vale la pena recapitular. Crecí explicando con vergüenza: “Yo tengo dos mamás”. Con vergüenza y un íntimo y secreto sentimiento de culpa hacia mis dos madres por querer a la otra. Culpa de esa que solamente nos pueden hacer sentir las madres a través de un amor que duele y reconforta. De adulto, a veces utilizo la ironía cuando digo: “Yo tengo dos madres, y me sobra una y media”. Lo que no digo es que, más allá de todo, no puedo prescindir de ninguna de las dos. Tuve dos madres y seis abuelos. Tengo cinco hermanos y sin embargo soy hijo único. Algunos de mis hermanos tienen hermanos que no son hermanos míos, desafiando así la transitividad filial que se supone una verdad única.

Y tengo, por supuesto, una infinidad de tíos, primos hermanos, primos segundos y demás cargos entre un entramado demencial de parentela interminable, que a veces estoy tentado de renunciar definitivamente a intentar descifrar. Pero de todos ellos, de toda esa parentela, hoy quiero hablar de mi tío Ramiro. El hermano de una de mis mamás.

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